Apr 27, 2009

Mujeres inolvidables...

Durante los útlimos días me ha dado vueltas en la cabeza el listado de grandes mujeres que he conocido en mi vida. Mujeres maduras que me han dado ejemplo y ayuda oportuna en los momentos que lo he necesitado. O aquellas que he admirado por su carácter y tesón para enfrentar la adversidad y esculpen con pasión su vida.

En la etapa de escolaridad básica recuerdo a mi profesora de ciencias naturales (así se llamaba en ese entonces) Verónica Torrejón. Una mujer locuaz, que atraía miradas desde su vestimenta hasta esos enormes ojos escrutiñadores; pero con un amor apasionado por su trabajo como en muy pocas personas lo he visto. Me fascinó con todos sus métodos innovadores para enseñar, me maravilló con la biología. Y a la vez nos aconsejaba sobre la vida, era una excelente docente, de los que escasean por estos días.

En el liceo, nuestra profesora jefe, Miriam Apablaza, que mejor índice puede graficar lo que significó ella tanto académica como emocionalmente en nuestro curso. 44 de 45 obtuvimos puntaje suficiente para ingresar a la universidad, y alrededor de 40 fuimos a la gira de estudios en Bariloche, viviendo una experiencia inolvidable. Única, grande y nuestra "mami" . Ante cualquier problema nos daba la charla ética, que para muchas era una lata, pero la escuchábamos con mucho respeto porque se había ganado ese poder. Y nos quería mucho. Profesora jefe por cuatro años. Me aconsejó, me valoró tanto, en aquellos años puberales en que para nadie eres importante, ella supo darme mucho amor y me escuchó. Otras tantas veces me sobrevaloró, pero fue una "mami" querida por todas y para todas.
Sumado a ello, mis compañeras eran grandes mujeres, con las cuales podías conversar los más diversos temas con gran criterio y respetuosamente. Hoy, si me encuentro con alguna compañera de ese curso, no dudo en conversar con ellas y todo fluye como siempre.

La madre de mi ex pololo. Puede sonar extraño, pero ella es una gran mujer. Aún creo que sufría más que mi propio pololo cuando me venía de Santiago a Concepción. Un carisma enorme, muy preocupada, sincera y sensible; lloraba cuando me venía, y deseaba que la relación perdurara en el tiempo, porque me consideraba una gran mujer para su hijo, y a pesar de eso, era muy objetiva. Fue así como me dio el mejor consejo de mi vida: "nunca renuncies a una carrera por un hombre, aunque sea mi hijo, te lo digo". Le hice caso, y aquí estoy: una matrona feliz.

Mi primera jefa, Angélica Jara Jara. Una mujer perceptiva y acogedora como pocas veces lo he visto. Una figura maternal incuestionable, me ayudó en mis primeros pasos, siempre me consideró una profesional de igual a igual, delegó grandes responsabilidades en mí y nunca cuestionó alguna de mis decisiones e incluso me consultaba. Gran valor.
Y en ese mismo trabajo, Erika. Otra colega, que ahora mucho más que colega, es mi amiga. Es una mujer de la edad de mi madre, pero con una jovialidad envidiable por muchas. Llena de energía y queriendo que todos la miren, con una caridad enorme y muy bella. Es un sol. Sensible pero a la vez, resistente a viento y marea. Expertiz en el arte de la buena convivencia. Me instruyó con mucho cariño en las redes informales del trabajo, y me enseñó a protegerme de los que querían mi mal. Tu conversas con ella y te abraza con sus palabras, es como que todo se solucionará en ese momento. Es paz.

Carolina. Ella es una bella loca. Tiene un gran sentido del humor, alegre, muy responsable y amiga de sus amigas. Su inocencia raya en lo infantil, pero enseguida te das cuenta que es un carisma atesorable que pocas personas pueden desarrollar. A ratos un tanto tosca, pero se hace nada con lo bello de su personalidad y su calidez. Admiro la niña que lleva dentro.

Muy afortunada y eternamente agradecida de haberlas conocido.

P.D.: No aludo a mi mejor amiga, porque ella se merece un capítulo entero aparte.

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